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miércoles, 24 de agosto de 2016

Jorge Luis Borges. Voz Viva de América Latina

El único y los otros

I de V
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, Argentina, y falleció el sábado 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza, a consecuencia de una complicación cardíaca que incidió en su deterioro físico debido al enfisema pulmonar y al cáncer hepático que padecía, y fue enterrado el siguiente miércoles 18 en el Cementerio de Plainpalais en una ceremonia luctuosa precedida por María Kodama, su viuda y heredera universal de sus derechos de autor. 
     
Héctor Bianciotti, María Kodama y Aurora Bernárdez  en el entierro de
Borges en el Cementerio de Plainpalais, miércoles 18 de junio de 1986.
        La relevancia y trascendencia de la obra de Borges hace que sea un disco de colección el viejo vinilo donde aún se oye su voz diciendo un puñado de sus versos y prosas. Se trata del número 13 de la serie de elepés Voz Viva de América Latina que editaba el Departamento de Voz Viva de la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM, gracias a un convenio con la Unión de Universidades de América Latina. La primera edición data de 1968 y de 1982 la segunda y última, objeto de la presente nota. Con el rótulo “Textos de Jorge Luis Borges”, en el cuaderno adjunto al elepé figura la antología de los poemas y prosas que la voz de Borges sigue recitando en el disco (circular eterno retorno y cuasi infinita invención de Morel), precedidos por la “Presentación” que Salvador Elizondo firmó, al término, en “Oberengadin, Suiza, 15 de febrero, 1968”. Ensayo que figura compilado en la “Nueva edición” de Borges y México (Lumen, México, 2012); no obstante, Miguel Capistrán, el chambón antólogo y presentador, no acreditó tal hecho y por ende ignoró la postrera datación, pese a que Borges y México es un compendio misceláneo cuyo objetivo es documentar e ilustrar sobre la recepción y difusión de la obra y presencia de Borges en el país mexicano; es así que con el título “El poeta” y un asterisco al pie, sólo apuntó: “Título original: ‘La poesía de Borges’, en Obras, t. I, El Colegio Nacional, 1994, pp. 39-48.”

 
(Lumen, México, 2012)
       Los 20 poemas y prosas de Borges, recitados sin orden cronológico en las dos caras del elepé, pertenecen a varios de sus libros, cuya datación de las ediciones príncipe puede cotejarse en Jorge Luis Borges: bibliografía completa (FCE, Buenos Aires, 1997), de Nicolás Helft. “El general Quiroga va en coche al muere” y “Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad” a Luna de enfrente (Proa, Buenos Aires, 1925); “Fundación mítica de Buenos Aires” y “La noche que en el Sur lo velaron” a Cuaderno San Martín (Cuadernos del Plata, Buenos Aires, 1929). A Leopoldo Lugones (la onírica dedicatoria del libro), “Borges y yo”, “Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges (1833-74)” y “Poema de los dones” a El hacedor (Emecé, Buenos Aires, 1960); “Del rigor de la ciencia”, “Cuarteta”, “El poeta declara su nombradía” y Le regret d’Héraclite a Museo, brevísimo poemario integrado a El hacedor; “Poema conjetural”, “Página para recordar al coronel Suárez, vencedor de Junín”, “El Golem”, “Límites”, Everness y “Spinoza” a El otro, el mismo, en Obra poética 1923-1964 (Emecé, 4ª ed., Buenos Aires, 1964); y “Milonga de dos hermanos” y “Milonga de Jacinto Chiclana” a Para las seis cuerdas (Emecé, Buenos Aires, 1965). 
LP: Jorge Luis Borges. Voz Viva de América Latina
(UNAM,
2ª ed., México, 1982)
Detalle de la portada 
  La transcripción de los poemas y prosas que Borges recitó de memoria durante la grabación original (hecha en Argentina por AMB, discográfica de Buenos Aires, cuya fecha de factura no se apunta), reproduce los minúsculos cambios con que los dijo; pero también incluye una serie de anónimos pies de página en los que se citan las palabras y versos definitivos que se leen en el legendario tomo de sus Obras completas. 1923-1972, editadas por Emecé en Buenos Aires, en 1974, mismas que Borges afectuosamente dedicó a su madre, “un grueso volumen único encuadernado y en papel biblia” que doña Leonor Acevedo de Borges conservó en la cabecera de su cama hasta el día de su muerte a los 99 años, sucedida el 8 de julio de 1975. A esto se suma la transcripción de los seis comentarios de Borges que se oyen en el disco, los cuales improvisó durante la grabación.


 
Obras completas. 1923-1972
(Emecé, 14
ª ed., Buenos Aires, 1984)
       
Borges y su madre
         Vale observar, entre paréntesis, que el conjunto de los 20 poemas y prosas, y sus correspondientes comentarios, son los mismos que la Serie El Poeta en su Voz, Colección Visor de Poesía, núm. 428, editó en Madrid, en 1999, en un disco compacto denominado Borges por él mismo (audible en YouTube); pero el homónimo librito que acompaña a éste, no incluye ningún prólogo ni las anotaciones, al pie de poemas y prosas, que figuran en el cuaderno adjunto al elepé editado por el Departamento de Voz Viva de Difusión Cultural de la UNAM. Pero además, según se observa y se deduce de la información datada por Horacio Jorge Becco en el capítulo VI, 
“Discografía”, de Jorge Luis Borges. Bibliografía total 1923-1973 (Casa Pardo, Buenos Aires, 1973), el título del disco compacto editado en Madrid por Visor de Poesía parafrasea el título: Jorge Luis Borges por él mismo, que es un disco de “Alta fidelidad”, de “33 r.p.m.” (33 revoluciones por minuto), editado en Buenos Aires, en 1967, por la citada discográfica AMB; cuya “Segunda edición con nuevos poemas”, editado en “diciembre de 1967” con una Semblanza en estuche de José Edmundo Clemente —subdirector de la Biblioteca Nacional durante la dirección de Borges (1955-1973) y coautor suyo en El lenguaje de Buenos Aires (Emecé,  Buenos Aires, 1963)—, presenta, distribuidos en el “Lado 1” y en el “Lado 2”, los susodichos 20 poemas y prosas de Borges editados en el elepé de la UNAM y en el disco compacto de Visor de Poesía. Luego de enumerar el contenido del “Lado 1” y del “Lado 2” del disco, Becco anotó: “La mayoría de los poemas están precedidos por un comentario del autor.” Y enseguida concluye con una  “Aclaración complementaria: En la primera edición, mayo 1967, se incluían los siguientes poemas, que luego fueron modificados [y excluidos]: Un soldado de Urbina; A un viejo poeta; Baltasar Gracián; El tango; Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos; La noche cíclica; A un poeta menor de la antología.
     No obstante, curiosamente, y pese a que Becco registró las ediciones y reediciones de los libros que Borges publicó en México, en el FCE, en el lapso que comprende su Bibliografía  —con Delia Ingenieros: Antiguas literaturas germánicas (1951, 1965); con Adolfo Bioy Casares: Poesía gauchesca (1955, 2 tomos ); y con Margarita Guerrero: Manual de zoología fantástica (1957, 1966, 1971)—, no dató el elepé editado por la UNAM, en 1968, con el número 13 de la serie Voz Viva de América Latina.
 
CD: Borges por él mismo
(Col. Visor de Poesía, Madrid, 1999)
Contraportada
        Un análisis exhaustivo de los textos que se escuchan en el elepé editado por la UNAM implicaría aventurar (o no) un arduo y fatigoso ensayo globalizador. “No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil”, sentencia Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote”, el primer cuento que escribió tras el legendario accidente sufrido por el autor el día de la Nochebuena de 1938 (se dio un golpe en la cabeza, padeció una septicemia y en medio del delirio de la fiebre temió por su vida y su cordura), publicado por primera vez en el número 56 de la revista Sur (mayo de 1939), luego incluido en su libro El jardín de senderos que se bifurcan (Sur, Buenos Aires, 1941). Pero si el lector es más ambicioso y erudito, tal vez busque enmendarle las páginas al espléndido Borges, el poeta (Monte Ávila, 2ª ed. corregida y aumentada, Caracas, 1974), libro con nueve ensayos de Guillermo Sucre. O tal vez (y tampoco es tarea fácil) opte por elaborar una serie de minuciosos y maniáticos ensayos, quizá al modo en que procedieron los autores (especie de conjurados tlönistas) reunidos en “Análisis de poemas”, segunda parte de Expliquémonos a Borges como poeta (Siglo XXI, México, 1984), cuya compilación y prólogo se debe a Ángel Flores: “Vanilocuencia”, por Martin S. Stabb; “Jactancia de quietud”, por Guillermo Sucre; “El general Quiroga va en coche al muere”, por Martin S. Stabb; “Insomnio”, por Zunilda Gertel; “Poema conjetural”, por Enrique Carilla; “El Golem”, por Jaime Alazraki; “Límites”, por Roberto García Pinto; “Arte poética”, por Adolfo Ruiz Díaz; “Poema de los dones”, por James Higgins; “De tigres [‘El otro tigre’, Dreamtigers]”, por Manuel Ferrer; y “Heráclito”, por Zunilda Gertel.
Borges, César Fernández Moreno y Emir Rodríguez Monegal
Montevideo, c. 1948
  Pero para la presente nota, baste decir que siempre es grato oír la voz (una voz viva ad infinitum) de uno de los grandes demiurgos y poetas de la literatura en lengua castellana del siglo XX. En Borges. Una biografía literaria (FCE, México, 1987) —con correcciones ex profesas que no se hallan en la primera versión en inglés publicada en Nueva York, en 1978, por Dutton— el uruguayo Emir Rodríguez Monegal bosqueja el “espacio encantado” que Borges creaba al decir sus conferencias con su propia voz (páginas 355-356) —antes un amigo u otra persona las leía por él—, las cuales empezó a dictar con su propia voz y de manera profesional después de que el 4 de junio de 1946 Juan Domingo Perón asumiera el poder en la Argentina, pues debido a ciertas declaraciones y firmas antiperionistas, Borges perdió el infame empleo que tenía desde el 
“8 de enero de 1938 en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, dado que la sórdida burocracia peronista, con tal de humillarlo y obligarlo a lamer el polvo, lo nombró inspector de gallinas, huevos y conejos en un mercado municipal de la calle Córdoba (o en los arrabaleros mercados municipales). Y entre mil y una anécdotas legendarias, Monegal bosqueja una visita que le hizo, en 1956, en la Biblioteca Nacional de la calle México 564, que Borges dirigió entre 1955 y 1973, donde éste, imposibilitado para leer y escribir por sí mismo (sólo veía sombras nebulosas y el color amarillo), se mueve veloz en la penumbra, metiéndose entre recovecos y pasadizos de libros, y localizando las páginas de ciertos títulos, ya grabadas en su memoria de antemano. 
     
Borges en la Biblioteca Nacional
Foto: Sara Facio
        Según apunta Monegal en la página 388 de su biografía, “[...] la completa realidad de Borges, de la persona concreta, no se me reveló hasta el día siguiente, cuando me invitó a recorrer la Biblioteca Nacional. El edificio que Groussac había presidido ya se estaba deteriorando, pero conservaba una cierta grandeza. En ese momento yo no sabía que había sido construido para albergar a la lotería nacional y no reconocí los símbolos obvios en la ornamentación del techo. Entonces Borges me arrastró a un nervioso recorrido, deteniéndonos apenas lo bastante como para saber dónde estaba cada libro que le interesaba. Podía abrirlo en la página deseada y, sin molestarse en leer —en una hazaña de memoria que sólo era comparable a la de su ficticio Irineo Funes— citaba pasajes completos. Recorría aquellos pasillos alineados por libros; rápidamente giraba en las esquinas y se introducía en pasadizos que parecían invisibles, como meras grietas en los muros de los libros; se precipitaba hacia abajo por escaleras que terminaban abruptamente en la oscuridad. Casi no había luz en los pasillos y escaleras de la biblioteca. Procuré seguirle, tropezando, más ciego y más incierto que Borges, porque mi única guía eran mis ojos. En la oscuridad de la biblioteca, él encontraba su camino con la precisión de un acróbata que camina por el alambre tenso. Finalmente, llegué a comprender que el espacio en que estábamos insertos no era real: era un espacio compuesto de palabras, signos, símbolos. Era otro laberinto. Borges me arrastraba, me hacía descender velozmente por escaleras largas y curvas, me hacía detenerme exhausto en el centro de la oscuridad. Repentinamente, una luz aparecía al extremo de otro pasillo. Allí me aguardaba una realidad prosaica. Junto a Borges, me sonreía como un niño tras haber hecho una broma a un amigo, recuperé mi capacidad de ver: el mundo real de luces y sombras, las convenciones que yo estaba entrenado para reconocer. Salí de esa experiencia como quien emerge de aguas profundas o de un sueño, sacudido por la (otra) realidad de ese laberinto de papel.”  

         
El editor José Rubén Falbo, Borges y María Esther Vázquez en la
presentación de Literaturas germánicas medievales (Falbo, 1965)
Buenos Aires, 1965
         Emir Rodríguez Monegal también cita un testimonio que María Esther Vázquez escribió en su libro Borges: imágenes, memorias, diálogos (Monte Ávila, Caracas, 1977), donde ésta —que fue su alumna y amiga de toda la vida, su lazarilla en varios viajes y colaboradora en Introducción a la literatura inglesa (Columba, Buenos Aires, 1965), en Literaturas germánicas medievales (Falbo, Buenos Aires, 1965) y en la colección de literatura fantástica La Biblioteca di Babele, dirigida y prologada por Borges, e impresa en italiano y en Italia (en Parma y Milán) por Franco Maria Ricci (entre 1975 y 1985), y en Madrid, en español, por Jacobo Siruela (entre 1983 y 1988)— esboza las sesiones de dictado —también lo hace en las páginas 214-215 de su biografía Borges. Esplendor y derrota (Tusquets, Barcelona, 1996)— lo que da idea de lo que eran o pudieron ser los modos en que Borges concebía sus poemas, prólogos y cuentos, ya asistido por su madre, por las anónimas secretarias de la Biblioteca Nacional, o por ciertos reputados amanuenses, tales como María Kodama, Roberto Alifano, Norman Thomas di Giovanni o la propia María Esther Vázquez. Según transcribe Monegal en la página 411: “Borges tiene un insólito modo de trabajar. Dicta cinco o seis palabras, que inician una prosa o el primer verso de un poema, e inmediatamente se las hacer leer. El índice de su mano derecha sigue sobre el dorso de su mano izquierda la lectura, como si recorriera una página invisible. La frase se relee una, dos, tres, cuatro, muchas veces, hasta que encuentra la continuación y dicta otras cinco o seis palabras. En seguida se hace leer todo el escrito. Como dicta con puntuación, hay que leer diciéndosela. Se relee ese fragmento, que acompaña el movimiento de sus manos, hasta que él halla la frase siguiente. He llegado a leer una docena de veces un trozo de cinco líneas. Cada una de esas repeticiones va precedida de las disculpas de Borges que, en cierto modo, se atormenta bastante con esas supuestas molestias que hace sufrir a su escriba. Sucede así que después de dos o tres horas de trabajo se logra media carilla que ya no necesita correcciones.” 


II de V
Vale recordar que el norteamericano Norman Thomas di Giovanni, secretario y traductor de Borges a la lengua inglesa entre 1968 y 1972, fue quien lo animó y auxilió, como entrevistador y amanuense, para que escribiera en inglés las Autobiographical notes, publicadas el 19 de septiembre de 1970 en la neoyorquina revista The New Yorker, e incluidas, con el título An autobiographical essay, en The Aleph and other stories 1933-1969, antología narrativa de Borges editada en Nueva York, por Dutton, en octubre de 1970, y en 1971, en Londres, por Jonathan Cape, cuya traducción al español Borges nunca autorizó para un libro, pese a que sucesivamente sus ensayistas y biógrafos traducían y transcribían fragmentos, y a que el 17 de septiembre de 1974, con motivo de la aparición del tomo de sus Obras completas y del número 1000 del periódico bonaerense La Opinión, éste publicara “una versión castellana sin firmar” proporcionada por Emecé, “un suplemento de 23 páginas” titulado “Las memorias de Borges”. Pero ya antes, en México, en el número 10 de La Gaceta del FCE, correspondiente a octubre de 1971, José Emilio Pacheco había traducido las Autobiographical notes con el título “Borges: Memorias”. Felizmente, María Kodama, su viuda y heredera universal de sus derechos de autor, en 1999, con motivo del centenario del nacimiento de Borges, con el título Un ensayo autobiográfico, autorizó su traducción al español por Aníbal González y su coedición, en Barcelona, por Emecé, Galaxia Gutenberg y Círculo de lectores; volumen con un prólogo del traductor y un epílogo memorioso de la propia María Kodama, más una rica iconografía en sepia y en blanco y negro que reúne “más de trescientas fotografías y documentos” que son parte del legado de Jorge Luis Borges. 
(GG/CL/Emecé, Barcelona, 1999)
  Un ensayo autobiográfico se suma a los tres libros de ensayos del joven Borges que el viejo Borges nunca quiso reimprimir (los fustiga y llama “libros inmencionables” en la página 60 de sus memorias) y que María Kodama hizo reeditar por Seix Barral. Uno es Inquisiciones (Seix Barral, Buenos Aires, marzo de 1994), cuya edición príncipe de 500 ejemplares, con el sello de Editorial Proa, data de abril de 1925, en el cual hay un texto sobre el Ulises (1922) de James Joyce, donde a pesar de que el joven Borges confiesa “no haber desbrozado las setecientas páginas que lo integran”, afirma categórico: “soy el primer aventurero hispánico que ha arribado al libro de Joyce”; y cuyo Bloomsday (bautizado así por el 16 de junio de 1904, el día que Stephen Dedalus y Leopold Bloom realizan “su épico viaje por las calles de Dublín”) desde 1954 se conmemora dos días después de que desde 1987 se conmemora la muerte de Jorge Luis Borges. Los otros dos libros renegados por el autor, y exhumados por su viuda, son El tamaño de mi esperanza (Seix Barral, Buenos Aires, noviembre de 1993), cuya edición príncipe de Editorial Proa data de julio de 1926 y tuvo un tiraje de 500 ejemplares con ilustraciones de Xul Solar; y El idioma de los argentinos (Seix Barral, Buenos Aires, diciembre de 1994), cuya edición príncipe de 500 ejemplares editados por Manuel Gleizer en 1928 con viñetas de Xul Solar, tuvo mejor suerte, pues el ensayo homónimo del sonoro título fue incluido por Borges en los libros de ensayos que compartió con José Edmundo Clemente, subdirector de la Biblioteca Nacional durante los 18 años que Borges la dirigió (y en quien “todas las funciones administrativas recaían”): El idioma de los argentinos, El idioma de Buenos Aires (Peña, Del Giudice-Editores, Buenos Aires, 1952) y El lenguaje de Buenos Aires (Emecé, Buenos Aires, 1963); mientras que el ensayo “‘El truco’ [de El idioma de los argentinos] pasó a integrar las ‘Páginas complementarias’ de Evaristo Carriego a partir de 1955”, el libro de índole biográfica y ensayística que el joven Borges publicó con Manuel Gleizer en 1930; además de que “en los últimos años de su vida [se dice en la postrera y anónima ‘Nota del editor’ de Seix Barral de El idioma de los argentinos], Borges autorizó la traducción al francés de ‘La felicidad escrita’, ‘La fruición literaria’ y ‘El culteranismo’ para la edición de sus obras en la Bibliothèque de la Pléiade”; los cuales son dos volúmenes impresos en París, por Gallimard: el tomo I en 1993 y el tomo II en 1999, ambos editados, prologados y anotados por Jean-Pierre Bernès, quien, también para Bibliothèque de la Pléiade, prologó y anotó en francés la iconografía titulada Album Borges (Gallimard, París, 1999).     

Portada del estuche del Album Borges
(Gallimard, París, 1999)
  Cabe citar el póstumo y segundo volumen de las Obras completas de Borges, editado en Buenos Aires, en 1989, por Emecé —gracias a la autorización de María Kodama—, donde se reunieron nueve libros publicados por el autor entre 1975 y 1985, y donde se conformó el libro La memoria de Shakespeare con cuatro cuentos —no datados con precisión— que Borges había dado a conocer de manera dispersa, pero que sin embargo él no reunió para constituir con ellos un libro: “25 de Agosto, 1983”, “Tigres azules”, “La rosa de Paracelso” y el homónimo del libro. Vale decir que “Tigres azules”, con el título “El milagro perdido”, se publicó en el periódico La Nación, en Buenos Aires, el 19 de febrero de 1978; y con “La rosa de Paracelso” se editó en 1977, en Barcelona, por Sedmay Ediciones, en una plaquette sin paginar titulada Rosa y Azul, con ilustraciones de Alfredo González. “La memoria de Shakespeare” se publicó el 15 de marzo de 1980 en el periódico Clarín, de Buenos Aires, y en una plaquette homónima editada en la capital argentina, en 1982, por Dos Amigos, Col. Valle de las Leñas núm. 1, con ilustraciones de Mirta Ripoll y un tiraje de 36 ejemplares. Y “25 de Agosto, 1983”, con el título “Agosto 25, 1983” y fechado en “Buenos Aires, 1977”, se publicó el 27 de marzo de 1983 en el bonaerense periódico La Nación; y con el título “Veinticinco Agosto, 1983” en el número 2 de La Biblioteca de Babel, colección editada por Siruela, en Madrid, dirigida y prologada por Borges, cuyo rótulo Veinticinco agosto 1983 y otros cuentos, incluye “La rosa de Paracelso”, “Tigres azules”, “Utopía de un hombre que está cansado”, “Borges igual a sí mismo” (entrevista de María Esther Vázquez), “Cronología” y “Aproximación a la bibliografía borgeana”; mientras que la versión italiana en La Biblioteca di Babele apareció en 1980 con el número 19 y el título Venticinque Agosto 1983 e altri racconti inediti. Ya como libro individual, La memoria de Shakespeare fue reeditado en 2004, en Buenos Aires, por Emecé, en una “Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril”, con pastas duras y sobrecubierta ilustrada con un detalle del Retrato Chandos (c. 1610), donde al inicio se dice que “Los textos presentan leves variantes con los publicados en las Obras completas”.

(Emecé, Buenos Aires, 2004)
       Al citado volumen II de las Obras completas de Borges, se añadió el póstumo volumen IV, editado en 1996, en Barcelona, por Emecé, que compila cuatro libros publicados entre 1975 y 1988. Se colige que el volumen III del conjunto de IV es el tomo de las Obras completas en colaboración, cuyo copyright heredó María Kodama y cuya primera edición de Emecé data de 1979, por ello Borges firmó el “Epílogo” en “Buenos Aires, 8 de febrero de 1979”. Vale observar que con excepción de éste ladrillesco volumen de 1058 páginas (que en realidad no es completo), las Obras completas de Borges fueron revisadas y reordenadas por Emecé en cuatro tomos impresos en Buenos Aires, en 2005, en una “Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril”.

     
(Emecé, 5ª ed., Barcelona, 1998)
        Y ya encarrerado el gato, vale comentar que gracias a los oficios y autorizaciones de María Kodama, el lector de Borges del siglo XXI cuenta con otras exhumaciones y misceláneos acopios de la arqueología borgeana. Por ejemplo, Borges en Revista Multicolor. Obras, reseñas y traducciones inéditas de Jorge Luis Borges. Diario Crítica: Revista Multicolor de los Sábados. 1933-1934 (Atlántida, Buenos Aires, 1995), resultado de la “Investigación y recopilación” de Irma Zagara. O Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1919-1929 (Emecé, Barcelona, 1997), con “Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril”, quien con Mercedes Rubio de Socchi cuidó la edición de los siguientes dos títulos: Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1931-1955 (Emecé, Bogotá, 2001) y Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1956-1986 (Emecé, Buenos Aires, 2003). Trilogía que tal vez no sea del todo exhaustiva o total, pues, por ejemplo, en el “Capítulo 26” de Borges, una vida (Seix Barral, Buenos Aires, 2006), Edwin Williamson alude a “Elsa” —poema no recobrado— que Borges escribió en Harvard, en 1967, cuyo leitmotiv es su vínculo con Elsa Astete Millán, con quien entonces recién se había casado a toda orquesta el 21 de septiembre de 1967 en la “elegante iglesia de Nuestra Señora de las Victorias”, en la avenida Santa Fe de Buenos Aires, el cual “se publicó en la primera edición de Elogio de la sombra, 1969, pero fue omitido en las Obras completas, 1974”. Vale añadir que la susodicha mancuerna de editoras de Emecé no fue muy diestra en el cuidado de la edición de los textos que se leen en la valiosa y útil antología Borges en Sur. 1931-1980 (Emecé, Buenos Aires, 1999). 



Elsa Astete Millán y Borges
     


III de V
No obstante, María Kodama, la viuda y flamante heredera de los derechos de autor Borges, no siempre ha sido bien ponderada, según se lee en Borges: la posesión póstuma (Foca, Madrid, 2000), corrosivo y crítico libro-reportaje de Juan Gasparini. Pero también en la citada biografía de María Esther Vázquez, donde bosqueja ciertos intríngulis alrededor de la última enfermedad y muerte del escritor en Ginebra, Suiza, y su entierro en el Cementerio de Plainpalais; por ejemplo, apunta entre las páginas 330-331: “El mismo día del sepelio en Ginebra, apareció en el diario La Nación de Buenos Aires una carta de Norah: ‘Me he enterado por los diarios que mi hermano ha muerto en Ginebra, lejos de nosotros y de muchos amigos, de una enfermedad terrible que no sabíamos que tuviera. Me extraña mucho que su última voluntad fuera ser enterrado ahí, ya que siempre quiso estar con sus antepasados y con nuestra madre en la Recoleta (no en el Cementerio Británico como dice el apoderado). Aunque él esté muerto, los recuerdos de toda una vida nos siguen uniendo.’”
     
Norah y su hermano Jorge Luis Borges
         Y entre otras anécdotas desagradables, María Esther Vázquez habla sobre el previo y apresurado matrimonio de Borges con María Kodama (se casaron desde Europa, por poder, “el 26 de abril de 1986”, “en Colonia Rojas Silva, un poblado del Chaco Paraguayo”, ella con 49 años y él con 86 y desahuciado); sobre el cambio testamentario y el polémico destino de su herencia; sobre el maltrato a la criada Fani (Epifanía Uveda de Robledo) que sirvió a Borges y a su madre durante 38 años; sobre los celos de María Kodama ante la joven Viviana Aguilar, empleada de la librería La Ciudad, que atraía a Borges y por ende quería que fuera su secretaria y lo acompañara “en sus viajes por Latinoamérica”. Y entre otras cosas relata que la viuda de Borges ordenó al editor B. del Carril, de Emecé, extirpar el nombre de María Esther Vázquez del “Poema de los dones” (escrito, dice, en “diciembre de 1958”), pues Borges, que lo incluyó en El hacedor, se lo había dedicado: “Dedicatoria que persistió hasta su muerte”; cosa que los viejos lectores de Borges, que son legión, sí pueden constatar en ediciones y reediciones de varios acopios.

Páginas 118-119 de la antología de Jorge Luis Borges: Obra poética, 1923-1977
(Emecé/Alianza, Col. Alianza Tres núm. 48, 
3ª ed. ampliada, Madrid, 1983)



IV de V
No obstante los numerosos libros que recogen los diálogos y las entrevistas con Borges (incluidas las videograbaciones y los documentales televisivos y fílmicos, algunos localizables en DVD o en YouTube), innumerables lectores del siglo XXI nunca sabrán a ciencia cierta cómo fueron sus charlas, sus pláticas con los alumnos que asistieron a las clases de literatura inglesa y norteamericana que dio, entre 1956 y 1968, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, pese a que ya existe un título que compila la transcripción de 25 clases dadas por él, en 1966, en tal casa de estudios: Borges profesor. Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires (Emecé, Buenos Aires, 2000), cuya investigación, edición y notas se deben a los tocayos Martín Arias y Martín Hadis.
(Emecé, Buenos Aires, 2000)
  Nunca, en algún recinto o universidad de Europa, de los Estados Unidos o de Latinoamérica, podrán asistir a sus coloquios, seminarios y conferencias, pese a los libros de tal índole que él publicó en vida: Borges oral (Emecé/EB, Buenos Aires, 1979) y Siete noches (FCE, México, 1980). O a los póstumos, como Arte poética (Crítica, Barcelona, 2000), que reúne seis conferencias sobre poesía (y otras cosas) que Borges dijo (en inglés) en la Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusetts), en su papel de invitado a dictar las Norton Lectures (Charles Eliot Norton Poetry Lectures), correspondientes al ciclo 1967-1968. O El aprendizaje del escritor (Lumen, Buenos Aires, 2014), con “Edición de Norman Thomas di Giovanni, Daniel Halpern y Frank MacShane”, que reúne cuatro charlas que Borges dio (en inglés) en “la primavera de 1971” “a los estudiantes inscriptos en el programa de escritura de la Universidad de Columbia”.

Borges, Octavio Paz y Salvador Elizondo
México, abril de 1981
  Nunca tendrán la privilegiada experiencia de hablar personalmente con él, como fue el temprano caso de Alfonso Reyes, embajador de México en Buenos Aires entre 1927 y 1930, aunque el joven y el viejo Borges siempre lo vieron como un maestro de estilo. Según dice éste en la página 63 de Un ensayo autobiográfico: “solía invitarme a cenar cada domingo a la embajada”. Fruto de tal amistad es el hecho de que Alfonso Reyes financió, en 1929, la edición del citado Cuaderno San Martín, el tercer poemario del joven Borges, precisamente en el número 2 de la Colección Cuadernos del Plata, donde también, por mediación de Borges, en 1929 se publicó Papeles de Recienvenido, miscelánea de Macedonio Fernández (otro de los maestros de su juventud tras su regreso familiar a Buenos Aires el 24 de marzo de 1921 luego de siete años en Europa, cuya legendaria tertulia, sabatina y nocturna, confluiría en la confitería La Perla, en la esquina de Rivadavia y Jujuy, en el barrio del Once), de la cual dice en la página 59 de Un ensayo autobiográfico: “yo mismo intervine, recopilando y ordenando los capítulos”.

Macedonio Fernández
(1874-1952)
  Nunca podrán realizar el viaje que emprendieron muchos de los lectores y entrevistadores que, para oír al oráculo, llegaron al departamento B del sexto piso de la calle Maipú 994 (que fue el domicilio de Borges y su madre desde 1947 hasta la muerte de ambos) o a la calle México 564, donde está la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, que Borges dirigió durante 18 años, entre 1955 y 1973, donde dictó poemas, ensayos, prólogos y cuentos suyos, y donde impartió cursos de literatura y formó un círculo de estudio del anglosajón y del islandés antiguo. Y en cuyo mes de diciembre de ese último año, en compañía de Claude Hornos de Acevedo, viajó a México para recibir en la Capilla Alfonsina la primera entrega del Premio Alfonso Reyes. 

Borges, José Emilio Pacheco y Claude Hornos de Acevedo
México, diciembre de 1973
  Nunca cultivarán con él el “diálogo socrático”, especial vivencia intelectual a la que el Borges ciego y sabio era proclive y que por las latitudes mexicanas sostuvo con notables escritores: Octavio Paz, Salvador Elizondo, Juan José Arreola, Juan García Ponce, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Carlos Montemayor, entre otros.


Juan José Arreola y Jorge Luis Borges
México, diciembre de 1973



V de V 
En el poema en prosa “Borges y yo” se lee una determinante cifra gnoseológica (y se oye en el disco con la voz de Borges): “Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy)”. Casi resulta tautológico decir que mucho del Borges hombre (el de carne y hueso) quedó en el Borges literario (“No sé cuál de los dos escribe esta página”, dice al término en su falaz y deliberada confusión parecida a la del “Poema de los dones”: “Groussac o Borges”) y que sin el primero no se explica el segundo. Así, se tiene la certeza de que la inextricable voz que eternamente habla en el elepé es la voz de Borges y su doble (el otro, él mismo), y que sus textos (con elementos de su autobiografía personal, íntima, fantástica y metafísica) conllevan la pátina de una laberíntica e incesante permutación y desdoblamiento de su individualidad, única en el universo. Es la voz del viejo Borges que ve lejana la voz del joven Borges de la “Fundación mítica de Buenos Aires”: “Lo releo y me parece escrito por otra persona, por una persona que no me es antipática, pero que, ciertamente, no es el Borges que está hablando ahora”, dice en el elepé. Pero está allí en la primera persona, en la fugaz impronta de Hipólito Yrigoyen (“político radical” en cuya campaña a la presidencia de la república el joven Borges de 1928 participó creando “un comité de jóvenes intelectuales”); en la manzana fundacional: el barrio de Palermo, que fue el mítico barrio de su infancia: el barrio de la casa art noveau de dos plantas y un par de patios (calle Serrano 2135), donde estaba la biblioteca paterna de “ilimitados libros ingleses”, “un jardín con una alta bomba de molino” y una verja con lanzas —que fue el ámbito de los juegos con su hermana Norah— “y al otro lado del jardín un terreno vacío”; casa no muy distante del Zoológico de Palermo, donde solía ir, llevado por su madre, a observar al tigre y dibujarlo. Y el ámbito del redescubrimiento y fervor de Buenos Aires tras el regreso de Europa el 24 de marzo de 1921 (aún impregnado de la bruma del ultraísmo); el ámbito de la tutela de Macedonio Fernández, de las legendarias esquinas rosadas, de los compadritos (“famosos por sus peleas a cuchillo”), del idioma de los argentinos, de la biografía de Evaristo Carriego, escrita con el apoyo de los tres mil pesos del segundo Premio Municipal de Literatura que obtuvo con Cuaderno San Martín, que además le sirvieron para comprar, “de segunda mano”, su querida edición de 1911 de la Encyclopædia Britannica, que él siempre conservó en su casa. La voz que en 1960 escribe, y recita en la dedicatoria de El hacedor, que llega en un sueño hasta un rincón de la Biblioteca Nacional para obsequiarle a Leopoldo Lugones su colección de versos y prosas, pese a que éste se había suicidado en 1938, el año que murió su padre y el año del accidente que desencadenó su voz narrativa, que es la erudita voz que en “El acercamiento a Almotásim” reseña la inexistente novela policíaca de un abogado hindú y sus contactos con el mito del Simurg, dizque leído en “el venerado Coloquio de los pájaros de Farid ud-din Attar”, místico persa del siglo XIII, y la voz de los grandes cuentos reunidos en Ficciones (Sur, Buenos Aires, 1944) y en El Aleph (Losada, Buenos Aires, 1949); “son, supongo, mis dos libros principales”, dice en la página 78 de Un ensayo autobiográfico
     
Jorge Luis Borges
(1899-1986)
        Es la voz de “El suicida” que termina diciendo: “Borraré la acumulación del pasado./ Haré polvo la historia, polvo el polvo./ Estoy mirando el último poniente./ Oigo el último pájaro./ Lego la nada a nadie.” La voz del “Buenos Aires” tan íntimo y personal, que “Es, en la deshabitada noche, cierta esquina del Once en la que Macedonio Fernández, que ha muerto, sigue explicándome que la muerte es una falacia.” Es la voz que en el instante de morir, en sus poemas épicos, traza el coraje y el valor de ciertos héroes legendarios de la historia argentina: “El general Quiroga va en coche al muere”, donde El Tigre de los llanos, el caudillo Juan Facundo Quiroga muere asesinado (diciembre de 1835) por una caterva de gauchos (incluso atraviesa el umbral del infierno); la del “Poema conjetural”, donde Francisco Laprida, asesinado por los montoneros de Aldao el 22 de septiembre de 1829, hace una introspección sobre lo que implica su muerte. Panteón de héroes que en el elepé incluye el memento mori de un par de sus ancestros: “Página para recordar al coronel Suárez, vencedor de Junín”, donde el bisnieto, además de cantar las hazañas y el coraje de su bisabuelo materno, es el médium que da voz a la voz del coronel Suárez que habla desde el más allá; y “Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges (1833-74)”, quien se deja matar guerreando en la batalla, mientras Fanny, su joven esposa: Frances Anne Haslam (1842-1935) —la abuela inglesa de quien el niño Georgie aprendió el inglés (sin saber aún que el modo con que hablaba con ella era el inglés)— aún estaba embarazada del que sería el padre del renombrado escritor: Jorge Guillermo Borges Haslam (1874-1938), abogado, maestro de psicología, aficionado a la filosofía y escritor amateur que escribió El caudillo, una novela que pocos han leído, impresa en 1921, en edición de autor, en Palma de Mallorca.
      Es la voz del Borges que se perpetúa en los Borges de sus ficciones (“Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “El Aleph”, “El Zahir”, “El otro”, etcétera). La voz que solía ocultarse bajo la máscara de las reseñas y bibliografías apócrifas y de las falsas atribuciones, como ocurrió con los textos del citado Museo, brevísimo poemario en El hacedor, que reúne seis textos breves con sus respectivos quiméricos pies, originalmente publicados así por Borges en Anales de Buenos Aires, revista que dirigió entre 1946 y 1948. 
   
Borges en la Capilla Alsonsina
México, diciembre de 1973
Foto: Rogelio Cuéllar
        Uno de ellos, Le regret d’Héraclite, además de la alteridad, de la mágica virtud de transfigurarse en otros a través de la literatura (nadie desciende a las mismas aguas), implica el infructuoso y eterno anhelo ser amado por la inasible y evanescente mujer ideal: “Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca/ Aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach”; en la misma medida en que un fragmento de “El Zahir” implica a todos los hombres ante lo insondable: “si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo”; o en la exultación límite ante el inefable hallazgo infinitesimal y cosmogónico: “En una noche del Islam que se llama la Noche de las Noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cátaros; si esas puertas se abrieran, no sentiría lo que esa tarde sentí”, dice la voz de Borges en un pasaje revelador de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, lo que también se aprecia en un fugaz fragmento de un pie de página del mismo cuento, precisamente cuando la voz alude el efluvio y la comunión erótica y la imaginaria posibilidad de ser William Shakespeare (y por ende: Borges y los otros, entre ellos la infinita y laberíntica serie de los consabidos y diminutos nanohomúnculos umbelíferos: los mil y un Borgitos habidos y por haber): “Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.” 


Jorge Luis Borges. Voz Viva de América Latina. Elepé donde se oye la voz de Borges recitar y hablar. Más un cuaderno de 16 páginas con los poemas, prosas y comentarios del recital y una serie de anónimas notas al pie; conjunto precedido por la presentación de Salvador Elizondo. Serie Voz Viva de América Latina núm. 13, Departamento de Voz Viva de Difusión Cultural de la UNAM. 2ª edición. México, 1982.


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lunes, 1 de agosto de 2016

Borges. Biografía total

Entre dimes, diretes y ciertas espesuras 

I de III 
Pese al ambicioso y rimbombante título: Borges. Biografía total, cuya primera edición en Temas de Hoy data de “diciembre de 1995”, no es más que otra biografía parcial, polémica, sesgada, fragmentaria, rica, pero no muy rigurosa, sobre la vida y obra de Jorge Luis Borges (1899-1986). Su autor, Marcos-Ricardo Barnatán Hodari, nacido en Buenos Aires el 1° de noviembre de 1946, y residente en Madrid desde 1965 y andarín por ciertos lares del Viejo y del Nuevo Mundo, es un añejo y reputado borgeano, según lo indican sus ensayos y acopios, entre los que se cuentan: Jorge Luis Borges (Júcar, Madrid, 1972), Borges (Epesa, Madrid, 1972), Conocer Borges y su obra (Dopesa, Barcelona, 1978) y Jorge Luis Borges. Narraciones (Cátedra, Madrid, 1980; 14ª ed., 2001), más su “Introducción” a los Nueve ensayos dantescos (Espasa Calpe, Madrid, 1982), libro de Jorge Luis Borges, que también incluye una “Presentación” de Joaquín Arce, y una iconografía en blanco y negro con una foto del rostro de Borges tomada por Oromoz y doce ilustraciones que William Blake hizo a partir de pasajes de la Divina Comedia, cuyos originales pertenecen a tres recintos británicos: seis a The Tate Gallery, cuatro al British Museum y dos al Ashmolean Museum de Oxford.
Colección Biografías, Ediciones Temas de Hoy
(2ª edición, Madrid, mayo de 1998)
  Fechado en “Madrid, 15 de septiembre de 1995”, el corpus de Borges. Biografía total va del nacimiento a la muerte del biografiado, dispuesto en 37 capítulos con rótulos (divididos en IV partes), más “Una cronología borgiana”, la “Bibliografía general”, el “Índice onomástico” y 26 fotos en blanco y negro.   

 
(Seix Barral, Buenos Aires, 2006)
      Es obvio que cada biógrafo, desde la primera biografía de Borges: Genio y figura de Jorge Luis Borges (Eudeba, Buenos Aires, 1964) de Alicia Jurado, le imprime cierto sesgo, parcialidad e interpretación a al tratamiento de la vida y obra del protagonista. Por ejemplo, Edwin Williamson, en su analítica y documentada biografía Borges, una vida (Seix Barral, Buenos Aires, 2006), le da particular relevancia a la glosa y examen de la conducta del escritor en lo que concierne a sus tanteos y sucesivos fracasos amorosos (Concepción Guerrero, Norah Lange, Haydée Lange, Margarita Guerrero, Cecilia Ingenieros, María Esther Vázquez, Elsa Astete Millán) y bosqueja y ejemplifica cómo esto, a lo largo de su vida, se trasmina y vuelca en poemas y cuentos e incluso en ensayos; y en ello descuella el hecho de que a diferencia de otros biógrafos que cuestionan e incluso envilecen el protagonismo de la polémica María Kodama, Edwin Williamson bosqueja todo lo contrario: cómo con ella encontró y realizó un ámbito ideal y una comunión amorosa que prácticamente comenzó a buscar desde jovencito en Europa. Y James Woodall en La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro (Gedisa, Barcelona, 1998) le da particular importancia y énfasis a la relación de Borges con Norman Thomas di Giovanni, quien fue secretario de Borges entre 1968 y 1972, su traductor al inglés y su especie de promotor y agente literario en Estados Unidos, con cuyo auxilio escribió en lengua inglesa las Autobiographical Notes, publicadas por primera vez en The New Yorker, el 19 de septiembre de 1970, e incluidas el mes siguiente en The Aleph and Other Stories (Dutton, New York, 1970) con el título An Autobiographical Essay; el cual Borges nunca quiso traducir o autorizar su traducción al español para conformar un libro (quizá por sus omisiones y yerros); no obstante, sus biógrafos solían traducirlo y citarlo fragmentariamente. Pese a tal renuencia, José Emilio Pacheco, en México, en el número 10 de La Gaceta del FCE, correspondiente a octubre de 1971, publicó una versión en español de las “Notas autobiográficas” —se recuerda en un prefacio sin firma de Jorge Luis Borges. Textos recobrados 1919-1929 (Emecé, Barcelona, 1997), volumen con “Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril”— (y Barnatán la cita en su “Introducción” a los Nueve ensayos dantescos). Y que a propósito del 75 aniversario del escritor y de la aparición del tomo de las Obras completas de Borges, editadas por Emecé en 1974, el martes 17 de septiembre de ese año, con motivo del número 1000 del diario La Opinión de Buenos Aires, éste publicó una anónima traducción al castellano titulada “Las memorias de Borges”, en cuya nota editorial sin firma se lee: 
 
Portada del suplemento del periódico La Opinión número 1000
Buenos Aires, martes 17 de septiembre de 1974

En Borges. Una biografía en imágenes (Ediciones B, Buenos Aires, 2005)
de Alejandro Vaccaro
        “Una antigua tradición del periodismo establece que los números especiales de los diarios deben ser un pretexto para que cada sección manifieste lo mejor de sí. Al llegar a su milésima entrega, La Opinión consideró, sin embargo, que ninguno de los artículos e investigaciones ya elaborados podía ser tan apasionante y necesario para sus lectores como las Memorias de Jorge Luis Borges, el mayor escritor vivo de la Argentina y —por cierto— uno de los más originales talentos de la literatura de este siglo. La publicación de las Memorias coindice con el lanzamiento de las Obras Completas del maestro: es a los buenos oficios de Emecé, el sello responsable de esta edición, que La Opinión debe el conocimiento del admirable texto que se incluye en este número 1.000.” 
   
(GG/CL/Emecé, Barcelona, 1999)
       Sin embargo, hubo que esperar hasta 1999, el año de las celebraciones mundiales del centenario del nacimiento de Borges, para que María Kodama, su viuda y heredera universal de sus derechos de autor, autorizara, por fin, su traducción al español en un libro ex profeso, signado por un memorioso epílogo suyo. Así, traducido por Aníbal González con el título Un ensayo autobiográfico, fue coeditado en Barcelona por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores y Emecé, con una “Cronología” y una rica iconografía en sepia y en blanco y negro. 
Norman Thomas di Giovanni y Jorge Luis Borges
  Pero si bien Marcos-Ricardo Barnatán cita en su biografía fragmentos del ensayo autobiográfico de Borges, nunca relata una anécdota sobre el vínculo entre éste y Norman Thomas di Giovanni, aunque sí aparece aludido en la cronología y sólo una vez en la bibliografía; quien por su parte ha publicado en inglés un testimonio personal, subjetivo y parcial, repleto de infidencias y acritud, sobre el citado período en que laboró y convivió con Borges, entonces casado con Elsa Astete Millán, su primera esposa (que lo fue entre el 4 de agosto de 1967, día del casamiento civil, y el 7 de julio de 1970, día que la dejó sin decirle nada de sus planes de ruptura y que un abogado se presentó en el departamento que ambos compartían en la calle Belgrano (cerca de la iglesia de Monserrat y de la Biblioteca Nacional) para notificarle “la solicitud de Borges de una separación legal”): Georgie & Elsa. Jorge Luis Borges and his wife. The untold story (The Friday Proyect, 2014).  

       
Jorge Luis Borges y María Esther Vázquez, cuyo libro de cuentos
Los nombres de la muerte (Emecé, Buenos Aires, 1964)
prologó y presentó.

“La imagen registra un momento del acto realizado en 1964”.
        Y María Esther Vázquez (Buenos Aires, 1937), quien entre 1957 y 1958 fue empleada en la Biblioteca Nacional, misma que Borges dirigía desde octubre de 1955 —y a quien dedicó el “Poema de los dones”, escrito en “diciembre de 1958” e incluido en El hacedor (Emecé, Buenos Aires, 1960)— al parecer después de 1961 (el año del boom del Premio del Congreso Internacional de Editores que compartió con Samuel Beckett y del primer viaje de Borges a Estados Unidos) la comenzó a frecuentar y se hicieron amigos entrañables, y por ende la hizo su secretaria y su asistente personal y en marzo de 1964 viajó con ella al Viejo Continente, pues Borges fue invitado al Congreso por la Libertad de la Cultura que se celebró en Berlín Occidental e hizo una gira por ciudades de Europa y Gran Bretaña. De la colaboración de María Esther Vázquez con Borges destacan Introducción a la literatura inglesa (Columba, Buenos Aires, 1965) y Literaturas germánicas medievales (Falbo, Buenos Aires, 1965). Y según narra en “Borges y yo”, capítulo de su biografía Borges. Esplendor y derrota (Tusquets, Barcelona, 1996), él se enamoró de ella y “muchos de sus amigos” (incluso la hermana y la madre de Borges) creían que se casarían, pese a la diferencia de edades. Pero María Esther Vázquez, en “noviembre de 1965”, había sido invitada a la Feria del Libro en Mendoza, y durante el viaje de regreso a Buenos Aires se enamoró del poeta Horacio Armani y se casaron “el 14 de diciembre de 1965”. Es decir, se puede entrever (y suponer) que además de las divergencias con otros biógrafos (Alicia Jurado, Emir Rodríguez Monegal, Marcos-Ricardo Barnatán, Roberto Alifano, James Woodall, Edwin Williamson, Alejandro Vaccaro, etcétera), de su particular controversia (lo relativo a la leyenda negra de María Kodama y su presunto arribismo ante el inminente fallecimiento de Borges y el destino de su herencia, por ejemplo), su biografía, como su libro de entrevistas Borges, sus días y su tiempo (Punto de lectura, Madrid, 2001), están signados por la íntima amistad con Borges y por ende impregnados de comentarios y matices personales y particularmente testimoniales. 

Marcos-Ricardo Barnatán y Jorge Luis Borges
Madrid, 1973
  La Biografía total de Marcos-Ricardo Barnatán también posee una perspectiva personal y testimonial, pues en su bosquejo de la vida y obra de Borges, a través de alusiones y anécdotas autobiográficas, va narrando cómo descubre al escritor: a la persona y su obra, y por ende boceta episodios en los que le tocó confluir ante Borges y con Borges e incluso con María Kodama. En este sentido, Barnatán le da relevancia a un difuminado enredo que después de su prólogo a los Nueve ensayos dantescos lo alejó para siempre de Borges; intriga al parecer suscitada por Emir Rodríguez Monegal y por ende peyorativamente suele llamarlo “‘espeso’ crítico uruguayo”, además de que también cita un modo, quizá amistoso y no despectivo, con que Borges solía apostrofar a Monegal. Esto ocurre cuando en la página 233 refiere la mentira de que Borges escribió en inglés Evaristo Carriego (Gleizer, Buenos Aires, 1930) y luego lo tradujo al español: “Esas son pobres invenciones del ‘negro’ Monegal, algo muy ridículo, ¿no?”, dice Barnatán que Borges le dijo a Jean-Pierre Bernés “en sus conversaciones casi póstumas”.  

     
Emir Rodríguez Monegal y Jorge Luis Borges
       Vale señalar que el supuesto infundio de que Borges escribió en inglés Evaristo Carriego no fue una “pobre invención” de Monegal, sino una lúdica broma y leyenda apócrifa acuñada por Néstor Ibarra (divertimento literario al que el propio Borges era proclive en grados hilarantes y superlativos, por ejemplo, en la Antología de la literatura fantástica de 1940, dice de sí mismo: “Escribe en vano argumentos para el cinematógrafo” y la “Historia de los dos que soñaron” se la atribuye a Gustavo Weil), precisamente en la semblanza mítica-biográfica sobre Borges, escrita en francés, que acompañó sus traducciones al francés de “La lotería de Babilonia” y de “La biblioteca de Babel”, publicadas en el número 14 de la revista Lettres françaises, datada el 1° de octubre de 1944, año en que la Editorial Sur, el 4 de diciembre de ese año, le publica a Borges su libro Ficciones, por el que la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), a partir de una conjura iniciada por “el escritor comunista Enrique Amorim”, le otorga el Gran Premio de Honor de 1944, que recibe “varios meses después”, cuyo discurso de recepción Borges publicó en mayo de 1945 en el número 129 de la revista Sur, luego compilado en Páginas de Jorge Luis Borges seleccionadas por el autor (Celtia, Buenos Aires, 1982) y en Borges en Sur (Emecé, Buenos Aires, 1999); postrera secuela del polifónico y alharaquiento Desagravio a Borges (observan los biógrafos), publicado en mayo de 1942 en el número 94 de la revista Sur, por no haberle otorgado a El jardín de senderos que se bifurcan (Sur, Buenos Aires, diciembre 30 de 1941) el Premio Nacional de Literatura de 1942. No obstante, el Gran Premio de Honor de 1944 fue su segunda presea recibida en su país natal, puesto que en 1929 obtuvo en Buenos Aires el segundo Premio Municipal de Literatura, algunos biógrafos dicen que fue por El idioma de los argentinos (Gleizer, Buenos Aires, 1928), y otros que por Cuaderno San Martín, poemario de 64 páginas y 12 poemas (más 6 Anotaciones), 
que 1929, en Editorial Proa, le publicó Alfonso Reyes, entonces embajador de México en Argentina, con el número 2 de la Colección Cuadernos del Plata y “un retrato a lápiz del autor por Silvina Ocampo” anunciado en la portada, cuyo tiraje fue de doscientos cincuenta ejemplares, numerados del 1 al 250; diez, numerados del I al X, y veinte, marcados A a Q, fuera de comercio. Pero además, con los “tres mil pesos” del premio, Borges pudo comprarse, de segunda mano, “la undécima edición de la Encyclopaedia Britannica” (muy querida por él y que al momento de morir en Ginebra se conservaba en el departamento B del sexto piso de Maipú 994) y proporcionarse “un año de independencia económica” para redactar el libro sobre la vida, la obra y la época de Evaristo Carriego en los arrabales de Palermo, que era el entorno de los compadritos, “del cuchillo y de la guitarra”, y “del ambiente que hizo posible el tango”, quien a los 29 años de edad, el 13 de octubre de 1912, murió de tuberculosis, habiendo publicado en vida un solo poemario: Misas herejes (1908), y que Carriego, que era amigo de doña Leonor y del doctor Jorge Guillermo Borges, le dedicó a éste y que llevó consigo en su embarque familiar a Europa “el 3 de febrero de 1914”. 
   
“La familia Borges a su llegada a Ginebra, a mediados de abril de 1914,
tras su paso en Londres y París."

Foto en Un ensayo autobiográfico (GG/CL/Emecé, Barcelona, 1999)
        Según dice Borges en la página 63 de su Ensayo autobiográfico: “Recuerdo que un ejemplar, dedicado a mi padre, fue uno de los varios libros argentinos que habíamos llevado a Ginebra y que yo allí leí y releí”. Y, curiosamente, en el fantaseo del irónico “Epílogo” que cierra el tomo de sus Obras completas de 1974, que supuestamente transcribe “una nota de la Enciclopedia Sudamericana, que se publicará en Santiago de Chile, el año 2074”, donde dizque se habla de Borges y su obra, éste dice —burlón y caricaturesco— de su biografía de Evaristo Carriego: “Redactó una piadosa biografía de cierto poeta menor, cuya única proeza fue descubrir las posibilidades retóricas del conventillo.” 
   
(Gleizer, Buenos Aires, 1930)
       Vale añadir que las traducciones al francés que hizo Néstor Ibarra de “La lotería de Babilonia” y de “La biblioteca de Babel” —cuentos de El jardín de senderos que se bifurcan y por ello de la primera parte de Ficciones fueron integradas al primer libro de Borges traducido al francés por Paul Verdevoye y el mismo Ibarra, quien lo prologó: Fictions, editado en 1951 por Gallimard, en París, con que inicia La Croix du Sud, colección proyectada y dirigida por el francés Roger Caillois; y que la citada revista Lettres françaises, dirigida por Roger Caillois, entonces exiliado en Buenos Aires, se hizo entre 1941 y 1947 y llegó a 20 números, básicamente con el patrocinio de Victoria Ocampo, la dueña y directora de la revista Sur, y por ende, para “eludir problemas jurídicos [en la Argentina], fue presentada como un suplemento trimestral francófono de Sur”, según reseñan Laura Ayerza de Castillo y Odile Felgine en su biografía Victoria Ocampo (Circe bolsillo, Barcelona, 1998). Y curiosamente, en la página 302 de ésta, se observa, en blanco y negro, la cubierta del histórico y susodicho número 14 de Lettres françaises, donde se anuncian los cuentos de Borges con el título Assyriennes; mientras que Antonio Fernández Ferrer, en la página 52 de Ficciones de Borges. En las galerías del laberinto (Cátedra, Madrid, 2009) transcribió la citada nota de Néstor Ibarra escrita en francés, misma que tradujo al español entre corchetes y en un pie de página, la cual reza a la letra:
Portada de la revista Lettres françaises numéro 14
Buenos Aires, 
1° de octubre de 1944

En Victoria Ocampo (Circe bolsillo, Barcelona, 1998),
biografía de Laura Ayerza de Castillo y Odile Felgine
  “[Hispano-anglo-portugués de origen, educado en Suiza, radicado desde hace mucho tiempo en Buenos Aires donde nació en 1899, nadie tiene menos patria que Jorge Luis Borges. Sólo es en relación a sí mismo como debe ser considerado, no en función de un país, o de un continente, o de una cultura que él no rechaza en absoluto y que de ningún modo representa. El estado civil de este disidente nato importa poco: Borges es un hombre de letras europeo que se encontraría en su casa tanto en Londres como en París o al menos, más concretamente, en la N.R.F. Su ‘criollismo’ de los años 25 o 30 fue una actitud modesta, a veces conmovedora, por lo demás desinteresada, aunque de un artificio tan injurioso, que jamás ha podido ilusionar ni siquiera a un Premio nacional. Escribe en una lengua propia, que les parece un español puro a todos aquellos que se encontrarían en un serio aprieto si tuviesen que decir en qué consiste el español puro, y que se traduce bastante bien al inglés, con más motivo dado que, por ejemplo, fue en inglés como primeramente se escribió Evaristo Carriego.

“Más ajeno que un Jules Renard a la música, a las bellas artes, a todo pensamiento social, Borges es literalmente un hombre de letras, específicamente, de una pureza de la cual se encuentran pocos ejemplos. Parece que ignore toda acción que no se relacione con las Letras. Simple y perfecta fatalidad que ejerce con conciencia, decisión e ironía].” 
   
Estuche del Album Borges (Gallimard, Paris, 1999)
        En cuanto a Jean-Pierre Bernés —editor del Album Borges (Gallimard, Paris, 1999), iconografía con 280 imágenes en color y en blanco y negro, con prólogo y notas suyas en francés, quien ya publicó un bosquejo, breve y sin cafeína, de su experiencia con el escritor argentino: J.L.B: La vie commence... (Le cherche midi, Paris, 2010)—, además de que solía visitarlo durante su último período en Ginebra (“entre el 4 de enero y el 4 de junio de 1986” en una suite del Hôtel L’Arbalète), era profesor en la Sorbona y el editor in progress del par de póstumos tomos de la edición crítica y anotada de las Œuvres complètes de Borges en francés, llevados a la imprenta por Gallimard, en París, en la Blibliothèque de la Pléiade, el primero en 1993 y el segundo en 1999 —puntillosamente objetados por María Kodama, incluida la posesión de las grabaciones magnetofónicas de las entrevistas que Bernés le hizo a Borges y que por ellas judicialmente lo confrontaron, en la capital francesa, con la viuda y heredera universal de Borges y por ende se vio obligado a cederle copias, pero no los derechos de autor que le corresponden—. Mientras que Emir Rodríguez Monegal, otrora maestro de Literatura Iberoamericana en la Universidad de Yale, tiene en su copioso y borgeano haber el compendio titulado Jorge Luis Borges. Ficcionario. Una antología de sus textos (FCE, México, agosto 30 de 1985), con edición, introducción, prólogos, cronología, bibliografía y notas suyas, cuyo origen es la antología de Borges en inglés urdida entre Monegal y el poeta y traductor Alastair Reid: Borges. A reader. A selection from the writings of Jorge Luis Borges (Dutton, New York, 1981); y el volumen Borges, una biografía literaria (FCE, México, marzo 15 de 1987), escrita originalmente en inglés y publicada en Nueva York, en 1978, por Dutton, cuya traducción al español de Homero Alsina Thevenet ya no vio, puesto que Monegal murió de cáncer, en New Haven, el 14 de noviembre de 1985, casi cuatro meses antes de cumplir 64 años y siete meses antes de que Borges muriera de cáncer el 14 de junio de 1986; pero según la preliminar “Advertencia”: “el autor introdujo especialmente para esta edición algunas modificaciones”, entre las que se halla, en la página 419, un venenoso y elíptico comentario contra Marcos-Ricardo Barnatán: 
   “Los Nueve ensayos dantescos (1982) es una inepta recopilación de estudios sobre el poeta italiano que Borges había dispersado en la prensa. El libro fue hecho con tanto descuido que en dos ensayos faltan las líneas finales. Así, por ejemplo, ‘El encuentro en un sueño’ resulta mutilado en su patética conclusión. Felizmente, Borges ha suspendido toda comunicación con el autor de esta compilación, desautorizando así futuros esfuerzos ‘eruditos’.” 
Emir Rodríguez Monegal ¿con nariz de Pinocho?
Dibujo: Sábat


En Destiempo de Borges, La Gaceta número 188, FCE
México, agosto de 1986
Ante esto, vale observar, primero, que en los prefacios y notas del Ficcionario y en las páginas de Borges, una biografía literaria, Emir Rodríguez Monegal nunca afirma que Borges escribió Evaristo Carriego en inglés y luego lo tradujo al español; y segundo, que esa dizque “inepta recopilación” de los Nueve ensayos dantescos al parecer no la hizo Barnatán, según narra en la página 385 de su Biografía total y en la “Nota preliminar” de la citada primera edición de los Nueve ensayos dantescos, impresa el 18 de mayo de 1982, en Madrid, por Espasa-Calpe, con el número 102 de la serie Selecciones Austral. Pero además, cualquier lector de aldea global que tenga tal edición (o acceda a ella) y la que figura en el póstumo segundo tomo de las Obras completas de Borges, impreso en 1989, en Buenos Aires, por Emecé Editores (ya sin la anotada “Introducción” de Barnatán, sin sus asteriscos al pie de las páginas donde tradujo al español los versos de Dante que Borges citó en italiano, sin el preámbulo de Joaquín Arce, sin las ilustraciones de William Blake y sin la foto del rostro de Borges tomada por Oromoz), puede leer, cotejar y constatar que a ningún ensayo le “faltan las líneas finales” y que “El encuentro en un sueño” no está “mutilado”.  

       
(Espasa Calpe, Madrid, mayo 18 de 1982)
         Al respecto, apunta Barnatán en las páginas 385-386 de su Borges. Biografía total, casi al inicio del “Capítulo 32” (“Nueve versiones de la comedia”):
     “[...] Pronto pude comprobar que Borges no me malquería, y en un encuentro que tuvimos en la habitación del Hotel Palace de Madrid, donde se reponía de una quemadura que había sufrido en el baño, en julio de 1982, me dijo que María [Kodama] le había leído mi trabajo [su largo prólogo a los Nueve ensayos dantescos] y que le había gustado. Creo que fue durante ese encuentro cuando me avergonzó llamándome ‘mi benefactor’. Lamentablemente ese prólogo molestó a un espeso crítico uruguayo que se creía ‘propietario’ de Borges, y de cuyo nombre no quiero acordarme, que con astucia fabricó un doloroso incidente que enturbió nuestra relación sin que pudiera aclararse el malentendido hasta su muerte.
    “Cuando me propusieron escribir un extenso preámbulo a ese libro sobre Dante que, como el mapa de aquel imperio que tenía el tamaño del imperio, debía de tener casi igual número de páginas que el propio libro, no pude evitar el malsano pensamiento de remedar el ingenio de Pierre Menard y escribir un prólogo que coincidiera puntualmente con el libro de Borges. Me era suficiente recurrir a la autoridad que nos confiere Novalis cuando esboza el tema de la total identificación con un autor determinado y perpetrar así el sueño concretado de Menard: no copiar mecánicamente el original de Borges, sino producir unas páginas que coincidieran palabra por palabra, línea por línea, con las que él escribiera sobre la Comedia. Para ello hubiera tenido que agudizar aún mi facilidad al mimetismo y emprender el arriesgado proceso de ser Borges o, lo que es aún mucho más difícil, escribir el ensayo de Borges sin dejar de ser Barnatán. Pero para desgracia del lector me acobardó tarea tan ardua y lo que es peor no pude afrontar la previsible incomprensión de los editores. Sé que pagaré esta cobardía, pero los que tantas veces hemos construido un peldaño de la torre sabemos que todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, y que en Babel no nació el criterio de la confusión.”  
  
Póstumo segundo tomo de las Obras completas de Jorge Luis Borges
(Emecé, Buenos Aires, 1989)
        Como puede observar el lector, el párrafo citado (con sus alusiones a “Pierre Menard, autor del Quijote”) y un fragmento del anterior (con su parafraseo a la dedicatoria “A Leopoldo Lugones” en El hacedor) transcriben lo expuesto por Barnatán en su “Nota preliminar”, fechada en “Madrid, febrero de 1982”, que precede a su “Introducción” a los Nueve ensayos dantescos
 
Jorge Luis Borges
Foto: Oromoz

En Nueve ensayos dantescos (Espasa Calpe, Madrid, 1982)
       Y en lo que concierne a la anécdota del Hotel Palace citada líneas arriba, vuelve a ser evocada en la página 399 de su Biografía total cuando Barnatán hojea las páginas del Atlas (Sudamericana, Buenos Aires, 1984), volumen con fotografías y textos que Borges escribió con el auxilio de María Kodama: 
 
María Kodama con el Atlas (Sudamericana, Buenos Aires, 1984)
        “Ahora abro el Atlas verdadero, el que se imprimió con las fotos y con los textos, repaso sus imágenes, repaso sus páginas: Borges y María montados en un globo en Napa Valley, fotos de Irlanda, los dos en una mesa interior del Café Florian de Venecia, Ginebra, Lugano, el tigre de carne y hueso que iba a ver de vez en cuando en el jardín de su amigo Cuttini con ‘evidente y aterrada felicidad’ y que le lamía la cara, y de pronto una foto que me es familiar, como salida de mi propio álbum, yo he estado allí, dentro de esa foto: Borges en su habitación del Hotel Palace, en Madrid y en julio de 1982. No hay dudas, acabamos de entrar, nos recibe María [Kodama], hablo en plural porque viene conmigo Rosa Pereda, mi mujer. Borges tiene el pie vendado, no puede caminar, se ha quemado con el agua demasiado caliente de su baño. Hablamos de los Nueve ensayos dantescos, que yo le proloqué, y que María acaba de leerle. Es la última vez que hablamos, me llama ‘mi benefactor’. Prefiero recordarlo así. Después sólo lo vi de lejos en Santander, cuando el espeso crítico uruguayo se interpuso y fraguó la calumnia.”



Borges en el Hotel Palace“Madrid, julio de 1982"

Foto en Atlas (1
ª ed. en Pocas palabras, Lumen, Barcelona, 1999)


II de III
El episodio de Santander, España, la última vez que Marcos-Ricardo Barnatán vio de lejos a Jorge Luis Borges sin poder acercarse para abrazarlo, felicitarlo y charlar con él, gira en torno a la entrega a éste, en junio de 1983, de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y el subterráneo papel que tras bambalinas desempeñó el biógrafo, quien lo bosqueja, entre las páginas 413-414, al inicio del “Capítulo 35” (“Coronado de gloria”) de su Borges. Biografía total, donde se exhibe irónico, resentido y marginado: 
 
Jorge Luis Borges en L'Hôtel de la Rue des Beaux Arts
París, 1978
Foto: Pepe Fernández

En Album Borges (Gallimard, Paris, 1999)
       “Hace unos doce años, y en una habitación del parisino L’Hôtel de la rue de Beaux Arts, el antiguo hotel de Alsacia donde murió Oscar Wilde, Jorge Luis Borges, María Kodama y Jean-Pierre Bernés ultimaban el proyecto más ambicioso del escritor argentino: su acceso a la inmortalidad por la puerta dorada de la publicación de su Obra completa en la mítica colección de La Pléiade. Aún no resignado a la cíclica negación del Nobel, Borges acaba de ser condecorado por el Presidente francés François Mitterrand [el 19 de enero de 1983 recibió en el Palacio del Elíseo las insignias de Comendador de la Legión de Honor] y esperaba ansioso algún gesto de simpatía del flamante Gobierno socialista español que hiciera olvidar su aceptación de la oprobiosa medalla del general Pinochet [la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins, el libertador de Chile,  recibida 
el 21 de julio de 1976 en la embajada de Chile en Buenos Aires, precisa Edwin Williamson en la página 466 de su biografía; luego, a mediados de septiembre de ese año, pasó una semana en la capital chilena, donde recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Santiago de Chile de manos de su rector, que era un general de las fuerzas armadas, y donde habló en la Academia Chilena de la Lengua el día que lo homenajearon y nombraron Miembro de Honor, en cuyo discurso decidió hacer eco del poeta Leopoldo Lugones  —en su período fascista, nada menos— llamando a las fuerzas armadas a crear una patria fuerte que garantizara el orden civilizado en un continente bárbaro. Para culminar, aceptó una invitación a una cena privada con el presidente de la junta militar, general Augusto Pinochet, que tal vez ocurrió en el Palacio de la Moneda, rodeado y agasajado por golpistas y genocidas].
   
Jean-Pierre Bernés
      “Cuando Bernés, antiguo agregado cultural francés en Buenos Aires, recibía la confianza de Borges para coordinar, introducir, anotar y muchas veces traducir partes de ese libro definitivo que la editorial Gallimard contrataba por primera vez con un escritor de lengua castellana vivo, yo telefoneaba a mi amigo Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas, a la sazón director general del libro del ministro Solana, comunicándole la disposición de Borges a recibir un homenaje de los ‘nuevos’ españoles. Y el teléfono funcionó milagrosamente bien. Salinas habló con Solana, Solana con Maravall, que era ministro español de Educación, y los dos con el Presidente del Gobierno. Se convino que lo suyo era condecorarlo con la Orden de Alfonso X el Sabio, ya que la extinta UCD (el partido central de Adolfo Suárez) le había dado ya medio Premio Cervantes compartido con el poeta Gerardo Diego [la ceremonia de entrega fue el 23 de abril de 1980 en la Universidad de Alcalá de Henares] —una maldad que sólo pudo venir del gongorino Dámaso Alonso—, y que incluso el presidente [Felipe] González podía recibirlo en el Palacio de La Moncloa. Salinas me dio la buena nueva y acto seguido viajó a París para ultimar directamente con Borges y María Kodama. Y Borges acabó recibiendo la medalla en la ciudad septentrional de Santander de manos del vicepresidente Alfonso Guerra y del hijo de otro Maravall, de pasado falangista, que había prohibido años antes que su revista, la revista oficial del viejo Instituto de Cultura Hispánica franquista, homenajeara al argentino. Así se escribe la historia.
   “Para colmo, mi gestión de intermediario de esa medalla destinada a lavar medallas anteriores, quedó empañada por el ‘incidente’ fabricado por el espeso crítico uruguayo [Emir Rodríguez Monegal] que se creía propietario de Borges, y gracias a ese ardid se me excluyó del acto de entrega [Monegal estuvo presente] al que me había cuidadosamente invitado el rector magnífico de la Universidad Internacional de Santander, Santiago Roldán. Pero eso es también otra historia.”
 
Marcos-Ricardo Barnatán
     Es probable que a la mayoría de los lectores de la múltiple y laberíntica masa anónima de los distintos países e idiomas les importe un comino tal enredo o ignoren el intríngulis y las menudencias de la presunta intriga que alejó para siempre a Barnatán de Borges. Sin embargo, no se alejó de María Kodama, a quien el biógrafo y su mujer Rosa Pereda pudieron abrazar en Madrid, meses después del fallecimiento del escritor, ocurrido en Ginebra, el sábado 14 de junio de 1986. En este sentido, anota Barnatán en la página 423 de su libro: 
    “Meses más tarde pudimos abrazar a María en Madrid, y pasamos casi un día entero con ella en el Hotel Palace tratando de ayudarla; se sentía agobiada por la responsabilidad de administrar sus derechos de autor, algo de lo que nunca hablaba con Borges. Entonces supimos con qué meticulosidad había planeado su último viaje, la venta del apartamento de la calle Maipú, y el sigilo con que lo hizo. Ya en Ginebra, en diciembre de 1985, Borges le dijo que no pensaba regresar nunca más a Buenos Aires, y que no se lo había dicho antes de partir por temor a que María no quisiera acompañarlo. Los trámites matrimoniales en Paraguay habían acabo en el mes de abril.”
     
María Kodama, Juan Gasparini y Jorge Luis Borges en 1984
Foto: Jorge Gaggero

En Borges: la posesión póstuma (Foca, Madrid, 2000)
         Aquí vale observar que María Kodama y Borges, mortalmente enfermo de cáncer hepático (enfermedad preservada casi en secreto), volaron de Buenos Aires a Europa el 28 de noviembre de 1985; y que ya en Ginebra, pese a que ella dizque desde siempre era renuente al matrimonio civil con el viejecito y ciego Borges, “súbitamente” le dio el “sí quiero” y se casaron por poder en Colonia Rojas Silva, un lejano y pequeño pueblo del Paraguay; y en Ginebra, en la suite del Hôtel L’Arbalète donde se hospedaba el doliente Borges —dice Williamson en la página 528 de su biografía—, hubo “un pequeño festejo” y un brindis con champán (Borges lo hizo con “una copa de agua mineral gasificada”) “al que asistieron el gerente general y su esposa, y Jean-Pierre Bernès, el profesor francés”; e incluso Héctor Bianciotti, editor de Gallimard, quien además estuvo en vela al lado de Borges la última noche de su vida, hasta el instante de morir en la mañana del sábado 14 de junio de 1986, según le contó a Rodolfo Braceli en el pasaje de una entrevista que le hizo, a  
“Mediados de agosto de 1996, en Buenos Aires”, recogido en su libro Borges-Bioy. Confesiones, confesiones (Sudamericana, Buenos Aires, 1997). Y según se lee en la copia del Certificado de matrimonio que Juan Gasparini exhibe en la página 37 de su corrosivo libro-reportaje Borges: la posesión póstuma (Foca, Madrid, 2000), el casorio de Borges y María Kodama ocurrió el 26 de abril de 1986; es decir, menos de dos meses antes de que el escritor muriera aquejado por el cáncer terminal que padecía, en cuyo agravamiento y muerte incidió un enfisema pulmonar y un fallo cardíaco.
   
Marcos-Ricardo Barnatán y María Kodama
      Es por esos lazos amistosos con María Kodama, que en “enero de 1995”, en Buenos Aires, la viuda les mostró al biógrafo y a su mujer “la hermosa casa blanca de la calle Anchorena 1660 que había comprado como sede para la Fundación Jorge Luis Borges, contigua a la casa de estilo colonial andaluz en la que Borges vivió” (al parecer entre 1939 y 1943, en “Anchorena 1972”, según dice Monegal en la página 308 de su biografía; o hasta 1941, en “Anchorena 1672”, según dice Williamson en la página 296 de la suya; o 
“desde 1938 hasta 1943”, según apunta Alicia Jurado en la página 108 de la propia, quien en la 109 muestra una vista fotográfica de la “casa con jardín en Anchorena 1672”, no obstante en la página 42 dice que allí se mudaron en 1939donde permanecieron tres años) en compañía de su madre y de su hermana Norah y de Guillermo de Torre, su marido desde “septiembre de 1928” y exiliados de España por la Guerra Civil, misma que fue inaugurada el 24 de agosto de 1995, día del aniversario 96 del escritor.
(Tusquets, Barcelona, 1996)
  Y en lo referente a la supuesta meticulosidad y supuesto sigilo con que María Kodama urdió la venta del legendario e histórico departamento B del sexto piso de la calle Maipú 994 (que según Juan Gasparini “era también propiedad de su hermana Norah en un 29,49 por 100”) —donde el escritor vivó con su madre desde 1944 hasta la muerte de ambos, según María Esther Vázquez (p. 193), o desde 1947, según Edwin Williamson (p. 296 y 334), o desde 1946, según Alicia Jurado (p. 45)—, al margen o paralelamente a lo que bosqueja y amplía Gasparini en su citado libro-reportaje y Alejandro Vaccaro y Epifanía Uveda de Robledo en El señor Borges (Edhasa, Barcelona, 2005), es, según lo esboza María Esther Vázquez en el capítulo “Fani” de su biografía, un episodio muy sórdido que, apunta, después del inventario notarial y judicial de los objetos y pertenencias de Borges, dejó primero encerrada en el cuarto de servicio a la criada Fani (la susodicha Epifanía Uveda de Robledo), quien había servido a los Borges durante “38 años”, y luego prácticamente de patitas en la calle y hundida en pleitos en el juzgado que la confrontaron con la virulenta viuda de Borges, quien también peleó, por diversas causas, contra los sobrinos de éste, Luis y Miguel, los hijos de su hermana Norah y de su cuñado Guillermo de Torre. Incidente miserable, espeso y controvertido, que el lector puede ubicar no sólo dentro de la diatriba de María Esther Vázquez contra María Kodama, como fueron, entre otras cosas, los postreros y sorpresivos cambios testamentarios de Borges que beneficiaron, sobre todo, a la viuda. En este sentido, en la página 302 de su libro apunta la biógrafa: “Faltaban todavía doce años para que María [Kodama] le confesara al ABC de Madrid —12 de julio de 1990— que la familia de Borges, Norah incluida, era ‘la hez de la canalla’.” Y sobre la dedicatoria a María Esther Vázquez en el “Poema de los dones”, anota en la página 208: “En diciembre de 1958 Borges escribió el ‘Poema de los dones’ incluido en El hacedor, que apareció en 1960. Posteriormente y en ediciones sucesivas, Borges me lo dedicó. Dedicatoria que persistió hasta su muerte; luego fue borrada. El editor B. del Carril dijo que fue una orden dada por quien ha heredado los derechos de Borges, María Kodama.”  

Pero para atizar (quizá sin aclarar) el folletinesco embrollo que alejó para siempre a Barnatán de Borges, en la página 281 de la citada biografía de James Woodall, éste apunta en la nota 19:  
   
(Gedisa, Barcelona, 1998)
        “Bien conocida era la aversión que tenía Borges por la homosexualidad. Marcos-Ricardo Barnatán, que fue una vez amigo de Borges y que es uno de sus recientes biógrafos en español, imaginó un cuento en el que Borges tuvo que pasar —por necesidad, no por elección— una noche en Junín compartiendo la cama con otro hombre. El hombre pasa parte de la noche entregado a un misterioso rito. Sólo mucho después, al leer un libro sobre el asunto, Borges comprendió que se trataba de pederastia [el término correcto es sodomía, pues se trata de dos hombres y no de un hombre y un niño]. Cuando el cuento llegó al conocimiento de Borges, éste se negó a volver a ver a Barnatán. (Véase Cabrera Infante en The Borges Tradition, págs. 18-19)”.

III de III
Ahora que todo biógrafo de Jorge Luis Borges (no sólo los homúnculos, los golem y los nanoreseñistas dispersos y engullidos en la web) suele cometer una serie de errorcillos y de lapsus pendeji, que sin embargo no debería permitirse un erudito borgeano. Por ejemplo, Marcos-Ricardo Barnatán, en la página 328 de su Biografía total, bosqueja el trunco noviazgo que Borges tuvo con Cecilia Ingenieros en los años 40 y alude que fue ella “quien le cuenta a Borges el argumento de Emma Zunz, un relato que Borges escribe en 1948 y publica Sur en su número 167 del mes de septiembre”; y, según apunta: “La dedicatoria que Borges le ofreció a Cecilia Ingenieros en 1948 no dejó de aparecer siempre que su relato Emma Zunz se publicara.”  
   
(Losada, Buenos Aires, 1949)
         Vale puntualizar, entonces, que al inicio del postrero “Epílogo” de su libro de cuentos El Aleph (Losada, Buenos Aires, 1949), firmado en “Buenos Aires, 3 de mayo de 1949”, Borges dice, entre paréntesis, que el “argumento espléndido” de Emma Zunz, “tan superior a su ejecución temerosa, me fue dado por Cecilia Ingenieros”; y lo mismo afirma casi a la mitad de su “Prólogo” (fechado en “Buenos Aires, 9 de agosto de 1951”) a La muerte y la brújula (Emecé, Buenos Aires, 1951), antología de nueve cuentos ya publicados (revisados y corregidos ex profeso para tal edición, que fue única): “De Emma Zunz básteme, ahora, repetir que su argumento es obra de Cecilia Ingenieros. Alguna vez ensayaré otra versión, menos trágica que patética, escrita no desde la mujer que ajusticia sino desde el varón que es ajusticiado. Emma Zunz está redactada con palabras opacas, in a style of scrupulous meanness, como dijo Joyce de sus Dubliners.” 

 
(Emecé, BuenosAires, 1951)
Ilustración: F. Schonbach
       Pero el cuento “Emma Zunz”, publicado por primera vez en el número 167 de la revista Sur, correspondiente a septiembre de 1948, no es el cuento que está dedicado a ella en El Aleph, sino “El inmortal”, al término, donde se lee: A Cecilia Ingenieros. Y tal circunstancia Borges la reitera en el susodicho tomo de sus Obras completas, editado por Emecé en 1974: al término de “El inmortal” y en el citado “Epílogo”; ladrillesco volumen de 1162 páginas (no exento de yerros), que reúne buena parte de los libros que publicó entre 1923 y 1972 y que revisó ex profeso, de cabo a rabo y durante dos años, con el auxilio del editor Carlos V. Frías, el cual Borges signó con una cariñosa dedicatoria a su madre y con el citado “Epílogo” (“un grueso volumen único encuadernado y en papel biblia”, dice Monegal, que doña Leonor conservó en la cabecera de su cama hasta que murió, a los 99 años, el 8 de julio de 1975). Mientras que en la Nueva antología personal (Emecé, Buenos Aires, 1968) —cuya preliminar y afectiva dedicatoria a su entonces esposa Elsa Astete Millán está datada en “Buenos Aires, 13 de junio de 1968”—, donde Borges reunió a “Emma Zunz” entre los diez cuentos que integran la tercera sección titulada “Relatos”, no menciona a Cecilia Ingenieros en “Emma Zunz”, ni el “Prólogo” fechado en “Buenos Aires, 1967”, sino en la consabida dedicatoria al término de “El inmortal”. 
(Sudamericana, Buenos Aires, diciembre 24 de 1940)
       Y en la página 300 de la misma Biografía total, en la glosa de sus datos sobre “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, dice Barnatán: “En la posdata que agrega en 1947”. Pero ojo: la Posdata de 1947 —tal como se lee en las sucesivas reediciones de Ficciones (Sur, Buenos Aires, 1944; y Emecé, Buenos Aires, 1956, edición aumentada con tres cuentos al final de la segunda parte del libro, titulada Artificios; es decir, de seis cuentos pasaron a ser nueve) y en las consecutivas reediciones del tomo de las Obras completas de 1974— es transcripción de lo expuesto en la Antología de la literatura fantástica, de Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, libro que la Editorial Sudamericana terminó de imprimir en Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1940, con el número 1 de la Colección Laberinto, y que además fue la segunda vez que el cuento se publicó con la Posdata de 1947. La tercera vez fue el 30 de diciembre de 1941, también en Buenos Aires, cuando la editorial de la revista Sur publicó el libro El jardín de senderos que se bifurcan (con el copyright datado en 1942), donde en 124 páginas Borges reunió un “Prólogo” fechado en “Buenos Aires, 10 de noviembre de 1941”, y ocho cuentos: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “El acercamiento a Almotásim”, “Pierre Menard, autor del Quijote”, “Las ruinas circulares”, “La lotería de Babilonia”, “Examen de la obra de Herbert Quain”, “La biblioteca de Babel” y “El jardín de senderos que se bifurcan” (el único inédito hasta entonces); conjunto que, con tal título, pasó a ser la primera parte de Ficciones. Tal orden fue alterado en el tomo de las Obras completas de 1974, pues el cuento “El acercamiento a Almotásim” fue colocado en la postrera sección Dos notas del libro de ensayos Historia de la eternidad (1936); esto porque así apareció en la edición príncipe de ese título, impreso en Buenos Aires, en 1936, por Viau y Zona. Vale subrayar que en “El acercamiento a Almotásim”, trascendentalmente, ya está condensado el Borges erudito, minucioso, alambicado y laberíntico que reseña y comenta las ediciones de un libro inexistente (de índole policial y mística) de un autor inexistente (el “abogado Mir Bahadur Alí, de Bombay”), matizado al final con su erudita, fantástica y panteísta nota sobre el mito del Simurg (leído en el Coloquio de los pájaros, “del místico persa Farid al-Din Abú Talib Muhámmad ben Ibrahim Attar”), incorporada en la edición de Ficciones de 1944 y que, con el título “El simurg”, Borges variaría con Margarita Guerrero en el Manual de zoología fantástica (FCE, México, 1957).   

       
(Sur, Buenos Aires, 1944)
         Pero el caso es que en la página 84 de la Antología de fines de 1940 “Tlön” está fechado, en el supuesto final, en “1940, Salto Oriental.” Y abajo de esa datación figura un espacio en blanco y luego la Posdata de 1947, cuyo primer párrafo dice a la letra: 

Páginas 84-85 de la Antología de la literatura fantástica (Sudamericana, Buenos Aires, 1940)
  “Posdata de 1947. — Reproduzco el artículo anterior tal como apareció en la Antología de la Literatura Fantástica, Editorial Sudamericana, 1940, sin otra excisión [sic] que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo. Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha... Me limitaré a recordarlas.” 
(Sudamericana, Buenos Aires, 1965)
       En la segunda edición de la Antología (revisada, reordenada, aumentada y con una inédita “Posdata” de Bioy), impresa en 1965 por Sudamericana, fue corregida la errata en la palabra “excisión” que se lee en la Posdata de 1947 en la Antología de diciembre de 1940 (ahora se lee escisión); y la fecha anterior a la Posdata de 1947 figura así: “1940, Salto Oriental.” En Ficciones la fecha del supuesto final de “Tlön” que antecede a la Posdata de 1947 se lee así: “1940. Salto Oriental.” Y en el tomo de las Obras completas aparece así: “Salto Oriental, 1940.” Y en ambos casos está corregida la citada errata.  

     
Portada de la revista Sur número 68
Buenos Aires, mayo de 1940
        Pero el meollo es que pocos lectores del español y del orbe leyeron la primera edición de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, publicada entre las páginas 30 y 46 del número 68 de la revista Sur, correspondiente a mayo de 1940, en cuya Posdata de 1947 Borges inició el juego con el tiempo (una especie de instantáneo viaje al futuro —hasta que in crescendo el planeta Tierra se está transfigurando en Tlön o ya lo es—, olvidado y perdido en el presente) a través del ejemplar que el lector, en el instante de la lectura, tenía en sus manos, según se lee progresivamente en la Posdata de 1947 y lo señalan las observaciones del “espeso crítico uruguayo” Emir Rodríguez Monegal, célebre borgeano que, según cuenta en el póstumo Las formas de la memoria (I): Los magos (Vuelta, México, 1989), desde su adolescencia y cuasi pobreza se dio a la tarea de comprar y coleccionar todos los números de la revista Sur, sólo porque allí publicaba Borges, a quien había descubierto en la revista El Hogar (que en Montevideo leía su tía Nilza), donde en la sección “Libros y autores extranjeros”, entre 1936 y 1939, publicó reseñas de libros, biografías sintéticas, ensayos breves y comentarios sobre la vida literaria; bagaje que a la postre Monegal antologó y editó, con Enrique Sacerio-Garí, en el compendio Textos cautivos. Ensayos y reseñas en “El Hogar” (1936-1939)(Tusquets, Barcelona, septiembre de 1986), libro que tampoco pudo concluir y ver impreso, y por ende lo concluyó y prologó Sacerio-Garí. El episodio de la revista El Hogar, Monegal también lo contó en un pasaje de “Leí a Borges y entré en un mundo distinto”, “Entrevista de Martín Caparrós”, publicada en el periódico Clarín, de Buenos Aires, “el 5 de diciembre de 1985”, reproducido en un recuadro de Destiempo de Borges, número monográfico de La Gaceta del FCE, correspondiente a agosto de 1986:  
     “Descubrí a Borges en una revista femenina que se llamaba El Hogar, una revista donde las señoras de la sociedad porteña aparecían copiosamente fotografiadas con sus pieles, sus perros, sus maridos, sus choferes. En medio de informaciones puntillosas sobre el último té-canasta y avisos publicitarios en que la Nena Bibeloni de Patreras de Cachaza de Gimferrer recomendaba una crema de manos diciendo que tenía esas manos tan bellas porque usaba cremas pum, aparecían unas crónicas de libros firmadas por un tal Borges. La sección se llamaba Guía del lector, y Borges trataba a sus lectoras como si fueran Borges: comentaba La metamorfosis de Kafka, o publicaba una biografía sintética de Spengler, o una reseña de Finnegans Wake...
     “—...con total desprecio de su público...
    “—No, no era desprecio, era una gran simpatía hacia un público que no existía. Pero, infortunadamente para Borges y afortunadamente para mí, yo lo leí y quedé deslumbrado. De repente me encontré con un señor maravilloso que había leído todos los libros del mundo y a quien, sobre todo, le gustaban los libros que a mí me gustaban, y miles más que yo no conocía pero ya me gustaban porque le gustaban a él. Entonces empecé a rebuscar, a ver quién era este señor, y encontré una revista que se llamaba Sur, en la que él colaboraba. Así que empecé a comprarla. Como no tenía mucho dinero, todos los meses compraba el número del mes y uno atrasado, en una librería de Montevideo que tenía casi toda la colección, porque nunca lograba venderla. Y después, un día, en una librería de viejo, encontré la Historia universal de la infamia [Col. Megáfono núm. 3, Tor, Buenos Aires, 1935], en un ejemplar sin abrir, porque nadie leía a ese señor. Lo abrí con cuidado, con respeto. Allí, entonces, se acabó para mí la literatura, y empezó Borges.” 
Pues bien, en la página 302 del póstumo Borges, una biografía literaria, Monegal apunta sobre la susodicha Posdata de 1947 publicada en el número 68 de la revista Sur en mayo de 1940, donde apareció la primera edición del cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”:
 
(FCE, México, 1987)
         “La posdata revela el juego porque está fechada en 1947 y dice: ‘Reproduzco el artículo anterior tal como apareció en el número 68 de Sur, con portada verde jade, mayo de 1940.’ El hecho de que el lector de Sur tuviera en sus manos esa edición en color verde jade, y de que lo estuviera leyendo inequívocamente en mayo de 1940 y no de 1947, creaba una curiosa perspectiva: un mise en abîme, como solía decir André Gide y como repiten ahora los críticos franceses. De la misma manera en que una caja de galletitas muestra una imagen de una caja de galletitas, con otra etiqueta, etcétera, creando un retroceso infinito, el texto de Borges fue inicialmente publicado en la edición número 68 de Sur, como la reproducción de un texto ya publicado en la edición número 68 de Sur.” 
   
Página 42 de la revista Sur número 68 (Buenos Aires, mayo de 1940),
reproducida en la página 95 de Ficciones de Borges. En las galerías
del laberinto
 (Cátedra, Madrid, 2009), de Antonio Fernández Ferrer.
       Sin dejar de mencionar que en el tomo de las Obras completas de 1974 el volumen de la Anglo-American Cyclopaedia donde se habla de Uqbar es el volumen XXVI y no el XLVI que se registra en las tres primeras ediciones de “Tlön”, se puede concluir la presente nota con la exacta transcripción del primer párrafo de la Posdata de 1947, tal y como fue publicado, en mayo de 1940, en la página 42 del número 68 de la revista Sur, después del supuesto final fechado en “1940, Salto Oriental.” Allí se observa la errata en el vocablo “excisión”, misma que se reprodujo en la Antología de fines de 1940. Y las mínimas diferencias, entre la versión original publicada en el número 68 de la revista Sur y la cita de Monegal, al parecer obedecen a que éste escribió en inglés su Borges, una biografía literaria y a que Homero Alsina Thevenet concluyó su traducción al español después de la muerte del biógrafo y por ende no la pudo revisar y cotejar y quizá enmendar: 
    “Posdata de 1947. — Reproduzco el artículo anterior tal y como apareció en el número 68 de SUR —tapas verde jade, mayo de 1940— sin otra excisión que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo. Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha... Me limitaré a recordarlas.”


Marcos-Ricardo Barnatán, Borges. Biografía total. Iconografía en blanco y negro sin paginar. Colección Biografías, Ediciones Temas de Hoy. 2ª edición. Madrid, mayo de 1998. 520 pp.